POESÍA. NARRATIVA. INFORMACIÓN LITERARIA. CONCURSOS. AUTORES CLÁSICOS Y NÓVELES

Autora del Blog:
BEATRIZ CHIABRERA DE MARCHISONE


Puedes pedir los libros de la autora al mail: beamarchisone@gmail.com (envíos a todo el país)

LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
"DE LOS HIJOS" (2014)- Ediciones Mis Escritos (Bs. As.)

Los encontrarás:
En Rafaela (Santa Fe): en Librerías "EL SABER", "PAIDEIA" y "FABER".
En San Francisco (Córdoba): en Librería "COLLINO"
y en otras librerías del país.


jueves, 12 de octubre de 2017

EXTRACTOS DE LIBROS: "La Alegoría del Carruaje III"- (El Camino de las Lágrimas- JORGE BUCAY)



Mirando hacia la derecha me sobresalta un movimiento brusco del carruaje.
Miro el camino y me doy cuenta de que estamos transitando por la banquina.
Le grito al cochero que tenga cuidado y él inmediatamente retoma la senda.
No entiendo cómo se ha distraído tanto como para no notar que dejaba la huella.
Quizás se esté poniendo viejo.                               
Giro mi cabeza hacia la izquierda para hacerle una señal a mi compañero de ruta y dejarle saber que todo está en orden pero no lo veo.
El sobresalto ahora es intenso, nunca antes nos habíamos perdido en ruta.

Desde que nos encontramos no nos habíamos separado ni por un momento.
Era un pacto sin palabras.
Nos deteníamos si el otro se detenía.
Acelerábamos si el otro apuraba el paso.
Tomábamos juntos el desvío si cualquiera de los dos decidía hacerlo...
Y ahora ha desaparecido.
De repente no está a la vista.
Me asomo infructuosamente observando el camino hacia ambos lados.
No hay caso.
Le pregunto al cochero, y me confiesa que desde hace un rato dormitaba en el pescante. Argumenta que, de tanto andar acompañados muchas veces alguno de los dos cocheros se dormía por un ratito, confiado en que el otro se haría vigía del camino.
Cuántas veces los caballos mismos dejaban de imponer un ritmo propio para cabalgar al que imponían los caballos del carruaje de al lado.
Éramos como dos personas guiadas por un mismo deseo, como dos individuos con un único intelecto, como dos seres habitando en un solo cuerpo.
Y de repente,
La soledad,
El silencio,
El desconcierto.
¿Se habría accidentado mientras yo distraído no miraba?, quizás los caballos habían tomado el rumbo equivocado aprovechando que ambos cochero dormían.
Quizás el carruaje se había adelantado sin siquiera notar nuestra ausencia y proseguía su marcha más adelante en el camino.
Me asomo una vez más por la ventanilla y grito:
- ¡hola!
Espero unos segundos y le repito al silencio:
- ¡hola, ¿dónde estás?.
Ninguna respuesta.
¿Debería volver a buscarlo, sería mejor quedarme y esperar que llegue, o más bien debería acelerar el paso para volver a encontrarlo más adelante?
Hace mucho tiempo que no me planteaba estas decisiones.
Había decidido allá y entonces dejarme llevar a su lado donde el camino apuntara.
Pero ahora…
El temor de que estuviera extraviado y la preocupación de que algo le haya pasado van dejando lugar a una emoción diferente.
¿Y si hubiera decidido no seguir conmigo?
Después de un tiempo me doy cuenta de que por mucho que lo espere nunca volverá.
Por lo menos no a este lugar.
La opción es seguir o dejarme morir aquí. Dejarme morir. Me tienta esa idea.
Desengancho los caballos y le pido al cochero que se apee. Los miro: carruaje, cochero, caballos, yo mismo...
Así me siento, dividido, perdido, destrozado.
Mis pensamientos por un lado, mis emociones por otro, mi cuerpo por otro, mi alma, mi espíritu, mi conciencia de mí mismo, allí paralizada.
Levanto la vista y miro al camino hacia delante.
Desde donde estoy, el paisaje parece un pantano.
Unos metros al frente la tierra se vuelve un lodazal.
Cientos de charcos y barriales me muestran que el sendero que sigue es peligroso y resbaladizo. No es la lluvia lo que ha empapado la tierra.
Son las lágrimas de todos los que pasaron antes por este camino mientras iban llorando una pérdida.

"Las pérdidas forman parte de nuestra vida, son constantes universales e insoslayables. Y las llamamos pérdidas necesarias porque crecemos a través de ellas." Jorge Bucay. La pérdida de un ser querido, la ruptura de una relación, el abandono definitivo de algo que considerábamos valioso son expresiones de una misma realidad. Son fenómenos que pueden hundirnos en la tristeza, el aislamiento e incluso empujarnos a la desesperación. 
En El Camino de las Lágrimas Bucay nos invita a reflexionar sobre uno de los desafíos más difíciles pero, al mismo tiempo, más importantes que todos los seres humanos debemos enfrentar: el proceso de duelo.

ALEGORÍA: Composición literaria o representación artística que tiene sentido simbólico.


Símbolos: Carruaje (cuerpo).  Caballos (deseos, emociones, impulsos). Cochero (mente)
Ahora vuelve a leerlo, conociendo los símbolos.

Colección HOJAS  DE  RUTA
EXTRACTOS DE LIBROS. "La alegoría del carruaje I" - (El camino de la autodependencia- Jorge Bucay)
EXTRACTOS DE LIBROS. "La alegoría del Carruaje II"- (El Camino del Encuentro- Jorge Bucay)

jueves, 5 de octubre de 2017

EXTRACTOS DE LIBROS. "La alegoría del Carruaje II"- (El Camino del Encuentro- Jorge Bucay)


Integrados como un todo, mi carruaje, los caballos, el cochero y yo, recorrimos con cierto trabajo el primer tramo del camino. A medida que avanzaba cambiaba el entorno: por momentos árido y desolador, por momentos florido y confortante; cambiaban las condiciones climáticas y el grado de dificultad del sendero: a veces suave y llano, otras áspero y empinado, otras resbaladizo y en pendiente; cambiaban, por fin, mis condiciones anímicas: aquí sereno y optimista, antes triste y cansado, más allá fastidioso y enojado.
Ahora, al final de este tramo, siento que en realidad los únicos cambios importantes eran estos últimos, los internos, como si los de afuera dependieran de éstos o simplemente existieran.
Detenido por un momento a contemplar las huellas dejadas atrás, me siento satisfecho y orgulloso; para bien y para mal, mis triunfos y mis frustraciones me pertenecen.
Sé que una nueva etapa me espera, pero no ignoro que podría dejar que esperara para siempre sin siquiera sentirme un poco culpable. Nada me obliga a seguir adelante, nada que no sea mi propio deseo de hacerlo.
Miro hacía adelante. El sendero me resulta atractivamente invitante. Desde el comienzo veo que el trayecto está lleno de colores infinitos y formas nuevas que despiertan mi curiosidad. Mi intuición me dice que también debe estar lleno de peligros y dificultades pero eso no me frena; ya sé que cuento con todos mis recursos que con ellos será suficiente para enfrentar cada peligro y traspasar cada dificultad. Por otra parte, he aprendido definitivamente que soy vulnerable pero no frágil.
Sumido en el diálogo interno, casi ni me doy cuenta de que he empezado a recorrerlo.
Disfruto mansamente del paisaje... y él, se diría, disfruta de mi paso, a juzgar por su decisión de volverse a cada instante más hermoso.
De pronto, a mi izquierda, por un sendero paralelo al que recorro, percibo una sombra que se mueve por detrás de unos matorrales.
Presto atención. Más adelante, en un claro, veo que es otro carruaje que por su camino avanza en mi misma dirección.
Me sobresalta su belleza: la madera oscura, los bronces brillantes, las ruedas majestuosas, la suavidad de sus formas torneadas y armónicas...
Me doy cuenta de que estoy deslumbrado.
Le pido al cochero que acelere la marcha para ponernos a la par. Los caballos corcovean y desatan el trote. Sin que nadie los indique, ellos solos van acercando el carruaje al borde izquierdo como para acortar distancias.
El carruaje vecino también es tirado por dos caballos y también tiene un cochero llevando las riendas. Sus caballos y los míos acompasan su trote espontáneamente, como si fueran una sola cuadrilla. Los cocheros parecen haber encontrado un buen momento para descansar porque ambos acaban de acomodarse en el pescante y con la mirada perdida sostienen relajadamente las riendas dejando que el camino nos lleve.
Estoy tan encantado con la situación que solamente un largo rato después descubro que el otro carruaje también lleva un pasajero.
No es que pensara que no lo llevaba, sólo que no lo había visto.
Ahora lo descubro y lo miro. Veo que él también me está mirando. Como manera de hacerle saber mi alegría le sonrío y él, desde su ventana, me saluda animadamente con la mano.
Devuelvo el saludo y me animo a susurrarle un tímido “Hola”. Misteriosamente, o quizás no tanto, él escucha y contesta:
Hola. ¿Vas hacia allá?
Sí – contesto con una sorprendente alegría-. ¿Vamos juntos?
Claro – me dice-, vamos.
Yo respiro profundo y me siento satisfecho.
En todo el camino recorrido no había encontrado nunca a un compañero de ruta.
Me siento feliz sin saber por qué y, lo más interesante, sin ningún interés especial en saberlo.



“El camino hacia la realización pesonal es difícil y continuo", nos dice Jorge Bucay en sus libros. En esta serie de caminos, el autor nos ofrece unos mapas de territorio para que cada uno de nosotros recorra el suyo propio, a su ritmo y eligiendo el trayecto." “La autodependencia (EL CAMINO DE LA AUTODEPENDENCIA), el amor (EL CAMINO DEL ENCUENTRO), el dolor (EL CAMINO DE LAS LÁGRIMAS) y la felicidad (EL CAMINO DE LA FELICIDAD) son los cuatro caminos que, según Jorge Bucay, conducen a la plenitud del ser humano, cuatro trayectos que cada uno ha de recorrer desde su experiencia personal. "
 
En El Camino del Encuentro Jorge Bucay nos invita al compromiso, al contacto y a compartir con los demás. A lo largo de sus inteligentes y provocadores comentarios, nos lleva de la risa a la reflexión mientras nos muestra la ruta del encuentro verdadero en la amistad, en la familia, en el amor y en el sexo. Siendo como es un libro de entretenida lectura, nos atrevemos a asegurar que nadie después de leerlo seguirá pensando igual que antes de hacerlo.
 
ALEGORÍA: Composición literaria o representación artística que tiene sentido simbólico.
Símbolos: Carruaje (cuerpo).  Caballos (deseos, emociones, impulsos). Cochero (mente) 
Colección HOJAS DE RUTA

miércoles, 4 de octubre de 2017

"Novia" (de Alejandro Dolina)

Hace mucho tiempo, yo tenía una novia buena y hermosa. Me amaba con una devoción tal, que no pude resistir la tentación de ser malvado. Me solazaba en la traición, en el capricho, en la impuntualidad, en la mentira gratuita. Ella lloraba en secreto, cuando yo no la veía, pues sabía que su llanto me irritaba. Pero un
día, un incidente que ni siquiera recuerdo, me despertó el temor de perderla.
El amor crece con el miedo. Mi conducta cambió. Me fui haciendo bueno. Quise pagar el daño que había hecho y empecé a vivir para ella. Le hacía el amor en todos los zaguanes, le cantaba valses de Héctor Pedro Blomberg. La llevaba a pasear por los lugares más hermosos del mundo. Le imponía aventuras inesperadas.
Me hice sabio y generoso solo para merecer su amor.
Pero un día me dejó.
—-No te quiero más —me dijo, y se fue. Supliqué un poco, solo un poco, porque era bueno. Después me
puse a esperar la muerte sentado en un umbral.
Al cabo de un tiempo, aparecieron los celos. Pensé que seguramente me había dejado por otro. Decidí averiguarlo. Indagué a los amigos comunes, pero todos afectaban un aire de trabajosa indiferencia.
Resolví seguirla. Pasaba las noches acechando su puerta. Durante el día, me apostaba en la esquina de su trabajo. El resultado de mis pesquisas fue nulo. Mi novia se desplazaba por circuitos inocentes. Perdí mi empleo, mi salud y hasta mis amistades. Mi vida era una perpetua vigilancia.
Pasaron largos meses sin que nada ocurriera. Hasta que una noche la vi salir de su casa con aire decidido.
Tuve el presentimiento de que iba a encontrarse con un hombre, tal vez porque estaba demasiado linda.
La seguí entre las sombras y vi que se detenía en la esquina que yo conocía bien. Me escondí en un portal. Ella se detuvo y esperó, esperó mucho. Cerca de una hora después, apareció un hombre alto, oscuro, soberbio. Algo familiar había en su paso. Ella intentó una caricia, pero él la rechazó.
Inmediatamente comprendí que el hombre se complacía en verla sufrir y amar al mismo tiempo. Se trataba de un sujeto diabólico. Cada tanto, me llegaban ráfagas de una risa vulgar. No podía concebirse un individuo más vil y detestable. Caminaron. Tomaron un rumbo que no me sorprendió. Al llegar a la luz de la avenida, pude ver que aquel hombre era yo. Yo mismo, pero antes. Con el desdén cósmico que tanto me había costado borrar del alma, con la maldad de mis peores épocas. Con la impunidad de los necios.
No pude soportarlo, pensé en cruzar la calle y pegarme una trompada, pero me tuve miedo. Quise gritar, ordenarme a mí mismo dejar tranquilo a aquella muchacha. Pero el imperativo no tiene primera persona y no supe qué decirme. Se detuvieron un instante y pasé delante de ellos. Ella no me vio. Yo sí me vi. Me miré con un gesto de advertencia.
Después los perdí de vista y me quedé llorando.

Alejandro Dolina
(Argentina, 1944)
Alejandro Dolina - Wikipedia, la enciclopedia libre

sábado, 30 de septiembre de 2017

EXTRACTOS DE LIBROS. "La alegoría del carruaje I" - (El camino de la autodependencia- Jorge Bucay)


Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice:
- Salí a la calle que hay un regalo para vos.
Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy “chic”. Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran
asiento semicircular forrado en pana bordó y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo...todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más. Entonces miro por la ventana y veo “el paisaje”: de un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino... y digo: ¡Que bárbaro este regalo! Qué bien, qué lindo...Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación.
Al rato empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo. Me pregunto: ¿Cuánto tiempo uno puede ver las mismas cosas? Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada.
De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome:
- ¿No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?
Yo pongo cara de qué-le-falta mientras miro las alfombras y los tapizados.
- Le faltan los caballos – me dice antes que llegue a preguntarle.
Por eso veo siempre lo mismo – pienso -, por eso me parece aburrido...
- Cierto – digo yo.
Entonces voy hasta el corralón de la estación y le ato dos caballos al carruaje. Me subo otra vez y desde adentro grito:
- ¡¡Eaaaa!!
El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende.
Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el carruaje y a ver el comienzo de rajadura en uno de los laterales.
Son los caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan en uno de los laterales.
Me doy cuenta que yo no tengo ningún control de nada; los caballos me arrastran a donde ellos quieren.
Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso.
Comienzo a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve.
En ese momento, veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Lo insulto:
¡Que me hizo!
Me grita:
- ¡Te falta el cochero!
¡Ah! – digo yo.
Con gran dificultad y con su ayuda, sofreno los caballos y decido contratar a un cochero. A los pocos días asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento.
Me parece que ahora si estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron.
Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero adónde quiero ir.
Él conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta.
Yo... Yo disfruto del viaje.

ALEGORÍA: Composición literaria o representación artística que tiene sentido simbólico.




Símbolos: Carruaje (cuerpo).  Caballos (deseos, emociones, impulsos). Cochero (mente)
Ahora vuelve a leerlo, conociendo los símbolos.


“El camino hacia la realización pesonal es difícil y continuo", nos dice Jorge Bucay en sus libros. En esta serie de caminos, el autor nos ofrece unos mapas de territorio para que cada uno de nosotros recorra el suyo propio, a su ritmo y eligiendo el trayecto." “La autodependencia (primer libro), el amor (segundo libro), el dolor (tercer libro) y la felicidad (cuarto libro) son los cuatro caminos que, según Jorge Bucay, conducen a la plenitud del ser humano, cuatro trayectos que cada uno ha de recorrer desde su experiencia personal. "

El Camino de la Autodependencia es el primer camino por conquistar, un punto de partida necesario para alcanzar la autorealización, la fórmula personal del éxito, o comoquiera que cada uno decida llamar a aquello que constituye nuestro único y más grande desafío.

Colección HOJAS DE RUTA
EXTRACTOS DE LIBROS. "La alegoría del Carruaje II"- (El Camino del Encuentro- Jorge Bucay)
EXTRACTOS DE LIBROS: "La Alegoría del Carruaje III"- (El Camino de las Lágrimas- JORGE BUCAY)

domingo, 17 de septiembre de 2017

Resultados IX concurso de microrrelatos ¡Vive la Plaza Mayor! (Madrid- España)- Textos no premiados de la autora

La plaza Mayor está situada en el centro de Madrid, a pocos metros de la plaza de la Puerta del Sol, y junto a la calle Mayor. La Red de Bibliotecas Públicas del Ayuntamiento de Madrid, con motivo de la conmemoración del cuarto centenario de su construcción, con el propósito de incentivar la creatividad literaria y fomentar la lectura, convocó su IX concurso de microrrelatos  ¡Vive la Plaza Mayor!. Los siguientes son los textos premiados, y los dos textos no premiados de la autora.



GANADOR
Ver, sin ser visto (Ángel Alonso Carracedo)
Plaza Mayor de Madrid, la de las cuatro centurias. Como todas las del mundo, sustantivo egregio, adjetivo magno. Fuiste reducto tertuliano de viejos de cacha con pava en labio, campo de correrías de niño, nido de buhardillas bohemias y negra leyenda ígnea del Santo Oficio. Eres orgullo de foro, edén de numismáticos y filatélicos, sustento de pícaros y avituallamiento de forasteros. No olvidas mercados y mercadillos de viandas, gangas y espumillones. Entonas, año tras año, la primera nota del villancico navideño. Ahuyentas, en tus soportales, de aguaceros y solaneras a los tuyos. Plaza Mayor, donde ver, sin ser visto.

2º CLASIFICADO
Zángano (Jesús Francés Dueñas)
Dejamos de escribir, los del grupo. “Los hijos de Rimbaud” nos llamábamos. Mi puesto en la Plaza Mayor era una silla, una mesa plegable y una Olivetti Lettera. “Solo versos tristes”, rezaba el cartel de poemas por encargo. Eso vendía. La gente venía a regodearse en su propia miseria. Los poetas malditos nos fuimos diluyendo cada uno en su circunstancia atenuante. En mi caso, llegó ella. Una agente municipal que me cerró el tenderete. Posó su boca de miel en mis labios de zángano y ya no pude escribir más. Desde que soy feliz, no me salen las palabras.

3º CLASIFICADO
Último trazo (Beatriz Poza Poza)
La niña bailaba la moneda entre sus dedos. Él, sin embargo, se acordó de cuando no lo hacía por dinero. La punta del pincel desdibujó el trazo perfecto. La sonrisa inanimada de su modelo le hizo entrar en pánico. Echó la mano al suelo para tocar el barro húmedo del pavimento. El lienzo le devolvió su retrato con dos lágrimas de tinta negra recorriéndole las mejillas. Su vetusto caballete se convirtió en estandarte del improvisado espejo. La moneda yacía ahora en el suelo, de cara. Era la niña de la Plaza Mayor, o la Parca misma, mirándole misericordiosa.

FUENTE: http://bibliotecas.madrid.es/portales/bibliotecas/es/Tribu-BPM/Ganadores-del-IX-Concurso-de-Microrrelatos?vgnextfmt=default&vgnextoid=516636e22ac8c510VgnVCM1000001d4a900aRCRD&vgnextchannel=165a0b6eb5cb3510VgnVCM1000008a4a900aRCRD



Textos enviados por la autora que no han sido premiados

VUELO DE PALOMA
Vista desde el aire, la Plaza Mayor es un rectángulo perfecto en medio del conglomerado. Desde la Estatua puedo verla con más detalle. En pocos minutos se llenará de gente. Como todos los domingos. Gente recorriendo los soportales, buscando monedas, sellos o billetes antiguos. Gente visitando las tiendas de recuerdos. O simplemente transitándola por lo que representa. No me gusta demasiado la multitud. Escucho voces de diferentes idiomas que no entiendo. Igual, como todos los domingos, me acerco a Don Rogelio, que desde su puesto de numismática, se hace de unos minutos para acercarme la ración diaria.



LAS BALDOSAS DE LA PLAZA MAYOR
Don Pepe, como le dicen todos, no puede dejar de pensar cuántas veces atravesó la Plaza Mayor. Es parte de su vida, se dice a sí mismo. Se emociona con sólo recordar sus primeros encuentros con Lola, con quien luego formó su gran familia; los paseos por el mercado de Navidad y por las ferias, buscando presentes y las caminatas de la mano de sus nietos. No imagina cómo este lugar fue espacio de ejecuciones alguna vez. Igual se conmueve cada vez que la atraviesa. Porque sus pasos están grabados allí, en esas baldosas, que fueron testigos de su historia. 



Plaza Mayor de Madrid - Wikipedia, la enciclopedia libre